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Me lo publicó hace unos días Diario Progresista http://www.diarioprogresista.es/economia-de-guerra-al-desempleo-18902.htm un artículo provocador y radical con el pretendo poner de manifiesto que siempre hay alternativas…

Se denomina economía de guerra a la que se aplica en momentos históricos convulsos para garantizar el autoabastecimiento y el manteniendo de las actividades … indispensables de un país como la producción de alimentos, ejerciendo un férreo control de las actividades productivas y los ciclos de consumo…

Hace unas semanas llegó a mí un borrador de un plan estratégico y se me pidió asesoramiento al respecto. -No señalaré con el dedo porque es de mala educación- pero pongamos que el plan pretendía hablar sobre empleo. -Pues bien- de entre las medidas que recogía, no vi una sola que resultara interesante pero sí al menos una que me hizo enrojecer: crear un Observatorio sobre el empleo para estudiar la realidad bla bla bla… ¡Por Dios, otro observatorio no! -Le dije a mi interlocutor- ¿Quieren un observatorio? Pues vaya usted a una plaza concurrida, se ponga en medio y muy lentamente gire la cabeza de izquierda a derecha a ver qué observa… Se lo resumo: 1 de cada 4 españoles activos está en paro y si hablamos de jóvenes, son 2 de cada 4.

No me extenderé en los datos porque los periódicos nos lo recuerdan a diario, si acaso una cuenta que saqué junto a mi amigo estadístico compulsivo –Jesús Calejero- : con 5 millones de parados, considerando que el mejor año del boom inmobiliario creamos unos 700.000 empleos, el contingente de desempleados tardará siete años en absorberse. ¡Ojo! Eso si retomáramos ese nivel artificial de desarrollo económico, que ahora mismo no sólo queda lejos, sino que parece ciencia ficción pues lejos de crear, seguimos destruyendo empleo mes a mes. Con estos datos en la mano ya se puede hablar con certeza matemática de una década perdida.

El asunto es cuándo ponemos el punto de inflexión y nos ponemos a trabajar en la dirección correcta para revertir esta situación e intentar aminorar esta crisis brutal que está cercenando el futuro de tantos millones de personas. A mí sólo se me ocurre recurrir a la Economía de Guerra. Una guerra contra el desempleo.

Seis ideas radicales para una Economía de Guerra (contra el desempleo)

1. Más empleo público: Reducción a 30 horas semanales de los cerca de cinco millones de funcionarios de las diferentes administraciones para crear 1.500.000 de empleos eventuales durante cuatro años, cuya cotización sería excepcionalmente cero para compensar la de los funcionarios que -una vez más- asumaríamos ser los paganos de esta crisis. Justo lo contrario de lo que está haciendo este gobierno.

2. Plan de formación laboral europeo: Dirigido a que un millón de jóvenes desempleados se incorporen al mercado laboral europeo. El argumento de que así estaríamos perdiendo a nuestros jóvenes talentos está muy bien para los discursos épicos pero ya no estamos en disposición de elegir, lo urgente ahora es ordenar y lograr el máximo provecho nacional de esa fuga masiva que va a suceder indefectiblemente. Se trataría de conceder créditos de 6.000€ a un millón de jóvenes –el 6% de lo prestado a la banca- e incluso se puede ser ingenioso: un 50% para la ida -el que se quede y haga fortuna lo llevaremos en el corazón, y no olvidaremos que tiene que devolver el crédito claro- y otro 50% para incentivar la vuelta, a aquellos que quieran retornar con nuevos modelos de negocio importados o el bagaje suficiente como para liderar los puestos clave de la nueva economía española.

3. Impuesto a las rentas no distribuidas. Como ya señalaba en otro artículo para Diario Progresista, hay 5,5 Billones con B de euros ociosos en España. En una economía de guerra disponer de todos los recursos es una cuestión de vida o muerte –señores ya hemos llegado a ese punto- Las fórmulas pueden ser variadas y originales, pero pongamos que detraemos un 1% de ese dinero paralizado para invertir desde el Estado en las 25.000 startups más innovadoras. Les podríamos financiar con 200.000€ a cada una. Crear así fácilmente 100.000 empleos de alto valor añadido y probablemente multiplicar la inversión inicial para devolver las plusvalías a los generosos contribuyentes. Algo así como el banco malo pero al revés, al revés del todo. Invirtiendo en TICs, biomedicina, economía verde… y no en el ladrillo tóxico.

4. Renta de ciudadanía: Hace unos años hablar de Tasa Tobin (Impuesto a las transacciones financieras) era poco menos que declararse marxista leninista, sin embargo hace unos meses la UE a instancias de Hollande, aprobó implantar este impuesto también llamado tasa Robin Hood. Vayamos más lejos, aseguremos a todo ciudadano europeo una renta mínima adaptada a cada país, 600€-1000€ y carguemos la cuenta a la economía especulativa, esa que no ha dejado de crecer detrayendo recursos de la economía real. Es un tema complejo pero estará usted de acuerdo conmigo en la siguiente afirmación: Es imposible conocer el destino y los objetivos de los capitales circulantes de la economía especulativa pero sabemos de forma fehaciente que si un ciudadano pasa de un subsidio de 400€ a una renta de ciudadanía de 700€, esos 300€ de diferencia repercutirán íntegramente en el tendero de la esquina o en el alquiler la casa vacía de al lado. Sin paños calientes: hay que sustraer recursos de la economía especulativa y devolverlos a la economía real.

5. Zona franca turística: En economía de guerra y en toda política de estímulo que se precie lo primero que se hace es devaluar la moneda para ganar competitividad, aunque ello precise mantener un estricto control de la inflación porque tiende a dispararse. Como saben el problema es que perdimos la soberanía monetaria al incorporarnos a la UE, así que la única salida posible es ganar competitividad por la vía de los precios. La tentación de la Troika en connivencia con el Gobierno de España ha sido mejorar la competitividad a través de la bajada generalizada de los costes laborales, es decir menos sueldo y despidos más baratos, propósitos que está cumpliendo con éxito arrollador la reforma laboral. En mi concepción de economía de guerra me gusta más pensar en grandes programas de intervención. Un ejemplo: que se declaren grandes zonas francas turísticas, en las que durante x años no se pague ni un solo impuesto, para llenarlo de rusos, alemanes y británicos, que tienen la cartera llena últimamente, con el objetivo de devolver competitividad a esa única gran industria patria que tenemos y recuperar con creces lo que se deja de ingresar vía impuesto inicialmente.

6. Economía del bien común. Se trata básicamente de valorizar la economía a partir de principios como la sostenibilidad, la responsabilidad social, la cooperación… más allá de la mera lógica del beneficio monetario. Consulten a Christian Felber si les resulta inédita la idea. El alcance de sus postulados es ambicioso pero existen cotas que podríamos cumplir hoy mismo, como imponer criterios de bien común en toda contratación de la administración pública. ¿Su empresa cumple con los derechos laborales, mantiene empleo, se implica en la comunidad, respeta el medio ambiente…? Pues entren aquí que ustedes tienen alfombra roja.

Son sólo algunas ideas a vuelapluma ¿pero saben una cosa? Ninguna de ellas le debería costar un solo euro de más al Estado. Entonces la pregunta es ¿Por qué no asumen estas medidas u otras similares y están haciendo exactamente lo contrario?

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