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La lectura de este post levantará ampollas en más de uno de mis compañeros, debe ser pues considerado una reflexión personal que elevo a lectura pública sobre todo para suscitar debate y poner de manifiesto que siempre hay fórmulas alternativas.

El impuesto a las rentas no distribuidas, es decir al dinero ocioso en palabras de Juan Ignacio Crespo en El País , no es un invento bolchevique, sino de un estadista llamado Roosevelt.

Aceptando por buenos los datos del artículo que cifra en 7 Billones de dólares, la cantidad de dinero “ocioso”, podemos realizar algunas proyecciones a vuela pluma de lo que supondría implantar un impuesto a las rentas no distribuidas en España.

Antes de nada, vaya por delante que estas ideas atacan el derecho a la propiedad privada y su redacción muy probablemente me integre en los archivos de sujetos peligrosos de la CIA.

7 Billones con b supone que cada uno de los 40 millones de españoles (por redondear) tiene 175.000$ “ociosos” en su tesorería. Usted como yo, al mirar a su alrededor llegará a dos sencillas conclusiones: Primera: dado que conoce a mucha gente que no alcanza esa cantidad ni en sus sueños húmedos, debe haber mucha otra que dispone de una cantidad mucho mayor. Y segunda: esos 7 billones responden por fin a esa pregunta que nos formulamos a menudo ¿Dónde está todo el dinero que algunos han ganado a espuertas durante los años del boom?

¿Es justo e idóneo un impuesto a las rentas no distribuidas?

En cuanto a la justicia, por lo pronto deberíamos gravarlos progresivamente del 0.1% al 10% por ejemplo, en función de la renta disponible, y sería sumamente más justo que elevar el IVA del 18 al 21% pues produce mucho más dolor a unos que a otros, además de retraer directamente el consumo en el peor momento posible.

¿Acaso no sería una doble imposición? Sí efectivamente lo sería y qué.

¿No es un ataque contra los ahorros de los ciudadanos de bien? La alternativa llegados a este punto dramático de la historia es la ruptura del euro o el cumplimiento de una hoja de ruta extrema, y ambos caminos conducen a la devaluación radical de nuestros ahorros. –Señores- la alternativas son poner una proporción pequeña de su dinero a producir, aunque sea por la fuerza, o que su dinero valga en términos reales la mitad, o peor aún, que se produzca un bloqueo efectivo de esas rentas a través de un corralito español.

Respecto a la idoneidad, se me ocurren dos fórmulas, que a buen seguro resultan improvisadas y los tecnócratas de negro podrían ampliar y perfeccionar muchísimo, que para eso les pagamos…

Se trataría de generar dos vías para quien quiera estar exento de este nuevo impuesto sobre las rentas no distribuidas (IRND) , pero antes déjenme que les ponga números a la cosa:

Gravar con un 1% de media (Del 0,1% al 10%) esos 7 billones “ociosos” supondrían un retorno de 70.000 millones de dólares, esto es, cantidad suficiente para no tener que afrontar los últimos recortes, o por ejemplo también, para pagar la cena de los bancos malos sin tener que acudir a la UE.

Pero como no queremos ser un país que machaca al personal, y se trata de estimular la economía, se podrían articular dos caminos alternativos al mencionado impuesto:

a) Bonos patrióticos: Quedarán exentos del IRND aquellos que adquieran bonos del tesoro español con sus rentas ociosas. (Pongamos un 2% de media, aunque siempre sería progresivo) Con los que el país podría conseguir la friolera de 140.000 millones de dólares, y pagaría hasta un 1% de intereses: Una ganga, porque ahora andamos pagando seis veces más por lo que nos prestan los mercados.

b) Bonos para la competitividad: Quedarán exentos del IRND aquellos que adquieran participaciones en una gran sociedad de inversión dedicada a proyectos de Investigación y Desarrollo (Pongamos un 0,5% de media y aplicado igualmente progresivo) por el cual el Estado podría invertir una media de 3,5 millones de dólares en las 10.000 startups más prometedoras (Tecnológicas, Biotecnológicas, Economía verde, Innovación Social …) y garantizar la cantidad invertida si la cosa sale mal –un riesgo menor pues diversificamos entre 10.000 opciones-, porque si sale bien, sabemos que estos fondos de venture capital llegan a multiplicar por siete la inversión inicial, que repartiríamos con sumo agrado con los contribuyentes.

Los bonos patrióticos existen y los puso en circulación Catalunya con gran éxito entre los ahorradores, si bien es cierto con altos intereses, -pero bueno no hacemos esto para hacernos ricos sino para salvar el país-. Los bonos para la competitividad son más complejos aunque tenemos experiencias de sociedades públicas de capital riesgo, si bien la mayoría de éstas han fracasado por actuar a nivel local, no diversificar su inversión y servir normalmente, a los intereses caciquiles de turno.

Son medidas excepcionales, pero es que vivimos tiempos excepcionales.

Ahí lo dejo.

Editado para corregir las cifras de euros a dólares, divisa a la que se refería el artículo de Crespo.

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