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Este verano he comenzado unos estudios sobre Planificación Estratégica Urbana en el CIDEU, así que he pensado que no hay mejor forma de aprovechar esta aventura que escribir y reflexionar en voz alta sobre los temas que aborda el máster. Empezamos fuerte: Las Smart Cities o ciudades inteligentes como paradigma para adaptarse al escenario de globalización. Una mirada desde Zaragoza (España) a los textos de Alfons Segura

La primera idea que quiero destacar es que solemos retratar la actualidad como un proceso de cambio acelerado, de alguna manera en el inconsciente colectivo existe la sensación de que estamos recorriendo un camino que nos llevará a una meta determinada y esto es un error de base. Lo que caracteriza la era que vivimos no es la velocidad del cambio en sí, sino la continuidad del proceso de cambios ad infinitum. Es decir, probablemente no habrá nunca más en las próximas décadas un momento de relajación, no hay meta concreta, al menos no más meta que el propio camino. No estamos en transición hacia nada, estamos en tránsito.

El profesor Itamar Rogovsky (Buenos Aires, 1936) nos indica que la diferencia de nuestra época con otras es que hemos pasado del cambio como paradoja a la permanencia del cambio como paradoja. [i]

Esta afirmación de Rogovsky resulta tan apasionante como frustrante. De alguna manera somos el caballo con la zanahoria delante, si bien la adaptación de la metáfora no es del todo exacta pues el caballo va encontrando a lo largo del camino trocitos de manzana.

Hace ya varios años los expertos han coincidido en bautizar esta nueva era como la de la información y el conocimiento, si bien resulta ilustrativo la división histórica que propone Dan Pink, quien fuera responsable de los discursos de Al Gore, resumiendo en tres las eras de la Historia a través de los grupos sociales que definieron las reglas culturales:

  • La Era de la agricultura, cuando fuimos campesinos;
  • La Era industrial los obreros manuales marcaron los cambios;
  • La Era de la información estuvo dirigida por aquellos capaces de gestionar el conocimiento…

Efectivamente el tiempo que nos ha tocado vivir está fuertemente condicionado por las personas que gestionan la información y el conocimiento. (Una referencia obligada es Manel Castell)

Podemos tener la tentación de pensar en los ejemplos más evidentes como son los actores del mercado, las estructuras políticas, los medios de comunicación y los centros universitarios, sin embargo, la definición es mucho más inclusiva y se refiere al conjunto de individuos que tienen algo que aportar, estamos hablando de las clases creativas.

Richard Florida, nos indica que las clases creativas están formadas por las personas capaces de aportar valor añadido a la sociedad desde su propia personalidad. Dentro de las clases creativas distingue entre el núcleo creativo (encargados de la gestión, los negocios, la parcela legal, la sanidad, los comerciales de valor añadido) y el núcleo supercreativo (informáticos, matemáticos, artistas, educadores, científicos…)

Aceptando pues que no estamos en transición sino en tránsito permanente, y por otra parte, que son las clases creativas las que orientan significativamente los cambios en la actualidad, parece razonable apostar por una estrategia de propulsión creativa e innovadora.

¿Dónde? En eso no podemos elegir. La globalización es indefectiblemente un escenario urbano. De este modo pasamos al concepto de “Ciudades Creativas”

Florida define las “Ciudades Creativas” como aquellas que crean las condiciones para que los ciudadanos desarrollen su capacidad creativa y de innovación.

Despejando las interrogantes de qué y dónde, llegamos a una más determinante ¿Cómo? Y sobre todo, ¿cómo medir que una ciudad es una “ciudad creativa” para compararla con otra? No se trata sólo de medir o de definir indicadores, para las ciudades es un tema crucial porque, al igual que los ciudadanos y las empresas, están obligadas a competir entre sí.

Siguiendo con las indicaciones de Florida, podemos analizar la teoría de las tres “T” como base de lo que una ciudad debe ofrecer como condiciones de pre-competitividad diferenciadas de otras “competidoras” en condiciones similares de desarrollo urbano y económico: Talento, Tecnología y Tolerancia.

  • El Talento se puede evaluar mediante el porcentaje de población activa en ocupaciones creativas, con estudios universitarios o dedicados a labores de investigación.
  • La Tecnología se traduce en el gasto en I+D sobre el PIB y el número de patentes por millón de habitantes.
  • La Tolerancia son las actitudes generales ante la religión, los derechos de la mujer o la familia.

No es casualidad que Florida incluya entre sus condiciones la tolerancia como argamasa de los nuevas construcciones sociales, pues sin ella no existe futuro posible o al menos uno integrador e inclusivo, para no dejar a nadie atrás.

 Hace unos días mantuve un debate en Twitter sobre la idoneidad de los barrios creativos a colación del proyecto Made in Zaragoza, en concreto sobre los posibles efectos perversos que puede producir y que se resumen en el concepto de gentrificación -o proceso de aburguesamiento de un territorio- que provoca la expulsión de los vecinos originales. Se pusieron de ejemplo los casos de Berlín y Barcelona y aunque es un tema interesante y que me preocupa no creo que se pueda extrapolar a Zaragoza, sencillamente porque aquí se ha trabajado desde hace años, y aún ahora, desde una perspectiva integral, implementando políticas sociales y urbanísticas que si bien son del todo mejorables, nos ubican como en la senda de una ciudad tolerante.

Por otra parte existe otro concepto que ha tenido más éxito y recorrido en los últimos años que “Ciudades Creativas”, me refiero al de “Ciudades Inteligentes” o “Smart Cities” aunque resulta evidente que ambos están completamente unidos o quizá incluso son el mismo paradigma con distinta nomenclatura.

Lo cierto es que existe un crisol de proyectos que se encuadran dentro del concepto de “Smart Cities” y pocas veces coinciden los unos con los otros. La mayoría de nosotros pensamos en clave tecnológica cuando se alude el concepto smart city pero hay quien incluso no le da ni siquiera rango de condición sine qua non, es el caso de Alfonso Vegara:

 Los territorios inteligentes:

  • Están diseñados por la comunidad
  • Son sensibles y responsables desde el punto de vista ambiental
  • Son capaces de crear ventaja competitiva
  • Están comprometidos con la cohesión y el desarrollo sociales
  • Están dotados de estructuras coherentes de gobierno del territorio
  • Dialogan con el entorno
  • Son innovadores
  • Están conectados con redes de ciudades

Personalmente sí que considero la tecnología como un ingrediente fundamental en la configuración de la smart city.  De alguna manera debe actuar como clave de bóveda de las nuevas arquitecturas sociales, encajando todas las piezas anteriores, si bien éstas actúan como soporte imprescindible (sostenibilidad, gobiernos abiertos, ecosistemas emprendedores y creativos, potentes sistemas de protección social…) porque sin ellas esta piedra angular no sirve de nada.

En este sentido hay dos conceptos que encuentro medulares en el desarrollo tecnológico de las ciudades, el primero “internet de las cosas” les resultará familiar, el segundo -estrechamente unido al anterior- explica cómo puede afectar estar tendencia en los sistemas globales de gestión del espacio urbano: (Proceso Complejo de Eventos, CEP)

 Del Proceso Complejo de Eventos o automatización de procesos distribuidos tuve conocimiento a través de un emprendedor de la primera edición del Semillero de Ideas de Zaragoza Activa, he de reconocer que en un principio nos sonaba a chino mandarino pero lo cierto es que oír de primera mano las posibilidades que permitían estas aplicaciones tecnológicas hizo que apostáramos por él, siendo uno de los 16 seleccionados entre más de 150 candidatos. Del tema de “Internet de las cosas” Pablo Murillo el CEO de Arduteka  me dio un cursillo acelerado en un viaje que hicimos a Toulouse para conocer los ecosistema emprendedores del país vecino. Me pareció apasionante el universo del hardware libre en torno a las placas de Arduino.

Finalmente, me referiré al tercer ingrediente que define Florida, el talento. Si algo caracteriza a los proyectos que hemos puesto en marcha en Zaragoza, especialmente Milla Digital y también Zaragoza Activa –el servicio que tengo el honor de dirigir- son acciones y programas de estímulo y retención del talento.

Nuestra estrategia es clara, crear ecosistemas favorables para que las personas con talento permanezcan en la ciudad y puedan desarrollar sus proyectos personales y empresariales. “Cada chaval que se nos va fuera es una derrota y un derroche de recursos” repite siempre que puede Lola Ranera, concejala de Zaragoza Activa.

En contra tenemos una falta total de espíritu emprendedor que se explica en términos de aversión al riesgo e instinto de conservación, tan propios de las sociedades de inspiración católica; también un escenario económico adverso, donde no circula el crédito y probablemente una configuración dislocada del binomio universidad-empresa.

Con todo, me gustaría volver a citar a Florida para suscitar algo de debate:

La competitividad no es sólo la atracción y retención de talento sino que se basa también en la gestión hábil de los flujos de personas de la clase creativa. De este modo, las ciudades deben ser pensadas como “condensación de flujos, no repositorio continuo de talento“.

¿Debemos apostar por sistemas que permitan flujos de talento o por retenerlo?

En este punto recuerdo una conferencia en el Foro de debate de La Sabina de uno de los españoles con más visión periférica, Carlos Barrabés, que nos contaba cómo las universidades americanas se estaban llenando de estudiantes coreanos e indios, a pesar de que sabían que una parte importante retornaría a sus países de origen para aplicar sus nuevas habilidades a sus respectivas economías.

-Sólo sé que los americanos no hacen nada gratis, así que pensemos más en flujos de condensación que en la mera retención del talento-

Muy en línea con esto los compañeros de Milla Digital están gestando el CAT –Etopía- que incluirá una residencia para proyectos creativos e innovadores y pretende ser un centro neurálgico de flujos de talento, como explican Ricardo Cavero y José Carlos Arnal en las sesiones previas al lanzamiento del centro. –no estamos tan desviados pues de las estrategias para configurar una smart city-

En resumen, la ciudad creativa o smart city es la mejor estrategia, si no la única, para adaptarse a este mundo globalizado y en tránsito, cuyas lógicas obligan a un pensamiento en red sin perder de vista, que estamos compitiendo con otros espacios urbanos.

Somos caballos con una zanahoria delante, que come trozos de manzana por el camino, pero no lo duden, los primeros caballos comerán más que los rezagados.

Raúl Oliván


[i] Todos los textos en cursiva corresponden al Módulo “El mundo se mueve” dirigido por Alfons Segura dentro del manual del curso de PEU del CIDEU.

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